Cómo los noticieros de radio y televisión evolucionaron desde la lectura de periódicos en voz alta a una industria controvertida

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Los noticieros no son sólo resúmenes; son la columna vertebral arquitectónica de cómo digerimos los acontecimientos actuales. Ya sea una breve fecha de radio o un bloque de televisión de media hora, el formato dicta lo que sabes y cuándo lo sabes. Pero esta estructura no surgió de la nada. Se forjó en el fuego del conflicto entre las emisoras de radio y los gigantes de la prensa que temían perder su monopolio de la información.

La batalla por las ondas

En la década de 1920, los noticieros de la radio estadounidense eran algo torpe y poco frecuente. Las estaciones simplemente leerían titulares o artículos de primera plana de las últimas ediciones de los periódicos. Fue derivado. Era seguro.

Eso cambió en 1933.

Estalló una guerra. De un lado estaban las emisoras de radio que querían informar noticias en tiempo real. Del otro estaban los principales periódicos estadounidenses y las tres agencias de noticias que los mantenían informados: Associated Press, United Press y el International News Service. Los periódicos vieron la radio como una amenaza. Ellos se defendieron.

Durante dos años el conflicto duró dos años. ¿El resultado? Las cadenas dejaron de depender de la prensa escrita y crearon sus propias organizaciones de recopilación de noticias. Se volvieron autosuficientes. Este cambio resultó decisivo durante el período previo a la Segunda Guerra Mundial. A medida que aumentaba el interés público por los acontecimientos globales, las cadenas demostraron que sus propias redacciones podían ofrecer una velocidad y una profundidad que los periódicos no podían igualar.

Del sonido a la vista

Los noticieros de televisión llegaron en 1953. Parecían noticieros de radio. Parecían noticieros de radio. El personal procedía casi en su totalidad de organizaciones de noticieros, lo que llevó el ritmo teatral de los noticieros de cine a la sala de estar.

El formato creció rápidamente. Tenías el resumen de radio de un minuto de duración, generalmente cinco o seis artículos breves, cada uno de ellos delimitado por la ciudad o el país de origen. Tenías el bloque de 15 minutos, normalmente dividido en segmentos internacional, nacional y local. Luego vinieron las transmisiones de 30 minutos o una hora, que entrelazaban historias más largas, agrupando eventos relacionados para crear una narrativa en lugar de solo una lista.

La cuestión de la objetividad

A finales de la década de 1960, la popularidad del noticiero trajo un nuevo problema: el sesgo.

Los críticos argumentaron que las emisoras estaban violando el espíritu de la ley. El código de la Comisión Federal de Comunicaciones de 1941 establecía claramente que “… el locutor no puede ser un defensor”. De manera similar, el código de la Asociación Nacional de Locutores de 1939 argumentó que, dado que las ondas de radio son un recurso público limitado, “las transmisiones de noticias no serán editoriales”.

Sin embargo, a medida que los noticieros se hicieron más largos e influyentes, comenzaron a moldear la opinión en lugar de limitarse a informar hechos. ¿Estaban los presentadores presentando las noticias o guiando a la audiencia hacia una conclusión específica? Las regulaciones existían en el papel, pero en el aire, las líneas se volvían borrosas. El noticiero se había convertido en una herramienta poderosa, y con ese poder vino la acusación de que ya no era neutral.

La industria había pasado de leer periódicos en voz alta a crear un medio de comunicación distinto, visual y cada vez más subjetivo. Pero la tensión entre informar y abogar seguía sin resolverse.