El rápido aumento de la inversión en inteligencia artificial (IA) ha provocado un debate: ¿estamos asistiendo a una revolución sostenible o a una burbuja sobreinflada? Expertos como James van Geelen, director ejecutivo de Citrini Research, sostienen que la historia sugiere que esto último es casi seguro. Las tecnologías transformadoras, desde los ferrocarriles hasta Internet, han generado constantemente burbujas especulativas antes de convertirse en un crecimiento a largo plazo. El actual frenesí de la IA, acelerado por ChatGPT de OpenAI a finales de 2022, sigue este patrón.
El precedente histórico de las burbujas tecnológicas
Van Geelen señala una verdad simple: cuando el capital se precipita hacia una innovación disruptiva, el resultado habitual es una burbuja de activos. Esta no es una predicción de si sino de cuándo ocurrirá la corrección. La pregunta no es si se formará una burbuja, sino qué tamaño alcanzará antes de estallar. La escala de la inversión en IA, impulsada por la creencia de que remodelará las economías, se hace eco de auges tecnológicos anteriores.
El auge de la IA: 2025 y más allá
El año 2025 ha sido crucial. La IA ya no es un concepto teórico; está remodelando activamente los mercados y la economía global. Esta rápida transformación impulsa una mayor inversión, creando un ciclo que se refuerza a sí mismo y que intensifica las condiciones similares a las de una burbuja. El entusiasmo actual del mercado refleja manías pasadas, donde las valoraciones superaban el valor fundamental.
La inevitabilidad de la corrección
Si bien la IA tiene un potencial genuino, los niveles de inversión actuales son insostenibles. La historia sugiere que la sobrevaluación eventualmente desencadenará una corrección. Los inversores deben acercarse al mercado de la IA con cautela, reconociendo que el auge actual puede no durar. El valor a largo plazo de la IA surgirá una vez que la fase especulativa disminuya, dejando atrás sólo a las empresas más resilientes.
El ciclo de exageración, inversión y eventual corrección es inherente a las tecnologías disruptivas. La IA no es una excepción; una burbuja no sólo es posible sino probable, dadas las tendencias históricas y la dinámica actual del mercado.




























